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Web 2.0: herramientas interactivas para los usuarios

La Web 2.0 es un conjunto de herramientas que permiten al usuario interactuar con otros a través de Internet, mediante contenidos textuales y audiovisuales. No es un estándar, ni una tecnología, ni siquiera una forma de hacer una web. La Web 2.0 ha convertido a Internet en un mundo lleno de voces, en el que cada uno expresa su forma de ver las cosas.  

A lo largo de sus escasos años de existencia, Internet ha mutado su personalidad varias veces. Comenzó siendo una forma de comunicación reservada a universidades y organismos públicos, pero era tan potente que pronto saltó a la sociedad.

De repente, Internet se convirtió en el medio de comunicación global, en el que todos éramos comunicadores de la realidad (bueno, todos los que tuvieran acceso a una conexión decente y un amigo/a programador). Entonces las empresas descubrieron que era también un gran medio para vender y la cosa creció hasta límites insospechados.

En los 90, la fiesta no terminó demasiado bien y cada cual trató de sobrevivir como pudo.

Después de la crisis de las punto.com, poco a poco Internet se fue reinventando. Las empresas y los medios de comunicación tradicionales volvieron a invertir en la web y la convirtieron en un gigantesco medio de comunicación. Un medio abierto y al alcance de la mayoría de la población.

Pronto se volvió a decir aquello de que si no estás en Internet no existes (lo mismo que antes se decía de la tele). Sin embargo, de este desarrollo quedaban excluidos los usuarios, que eran meros receptores de información. Todavía en esos momentos “hacer una web” era una cosa para iniciados… hasta que se inventaron los blogs.

Internet para todos y por todos

Los blogs supusieron una nueva vuelta de tuerca a la personalidad de Internet. A partir de los blogs todos los usuarios pudimos convertirnos en emisores en Internet, contar nuestras experiencias, intercambiar opiniones o conocimientos, narrar viajes, opinar sobre los productos que consumimos o montar plataformas… Internet se ensanchaba.

El fenómeno fue creciendo en poco tiempo. Después de los blogs llegaron las webs para colgar vídeos, las de fotos y las comunidades para encontrar amigos y las redes sociales. Hasta la cultura universal se define con aportaciones de los usuarios en la Wikipedia.

Los foros renacieron con fuerza y aparecieron webs especializadas en la comparativa de productos de consumo. Incluso se crearon comunidades virtuales, mundos paralelos, en los que uno podía hacer todo lo que no se atrevería a hacer en el mundo “físico”. A toda esta amalgama digital se le bautizó como Web 2.0. Y hay que reconocer que sin Google posiblemente todo esto no hubiera crecido tanto.

Si tuviéramos que atrevernos con una definición, podría decirse que Web 2.0 es un conjunto de herramientas que permiten al usuario interactuar con una comunidad mayor a través de Internet. Y hacerlo no sólo a través de contenidos textuales, sino también audiovisuales, con la posibilidad además de unirlo todo gracias a la integración que permiten todas las herramientas entre ellas y difundirlo más a través de sistemas como los RSS (sindicación de contenidos).

Así, cada uno participa en la medida que lo desea y con la tecnología que prefiera. Estas herramientas además son fáciles de manejar y en la mayor parte de los casos no requieren muchos conocimientos informáticos, por lo que están al alcance de mucha gente.

Ni un estándar, ni una tecnología

Web 2.0, por tanto, no es un estándar, ni una tecnología, ni siquiera una forma de hacer una web. Desde el punto de vista de los usuarios, todas estas herramientas (por nombrar algunas: Flickr, Youtube, Blogger, WordPress, Facebook, Myspace, Wikipedia, RSS, los productos de Google y todas las que han aparecido posteriormente) han facilitado y, en muchos casos, acercado, las relaciones. Han convertido a Internet en un mundo lleno de voces en el que cada uno puede expresar su punto de vista de la realidad y hacerlo por el medio con el que se sienta más cómodo.

Algunos usos

Por ejemplo, tras los atentados del 11-S en Nueva York muchos nos conectábamos a los blogs para conocer de primera mano lo que sucedía contado por la gente que lo estaba viviendo a poca distancia. Antes de comprar un electrodoméstico, una cámara de fotos o incluso un billete de avión, consultamos las webs especializadas en comparativas para los consumidores. Los grupos musicales no dependen tanto de las discográficas para promocionar sus canciones gracias a Myspace. Y los que viven lejos de sus familias pueden comunicarse constantemente con ellas gracias a herramientas como Skype y verse en las fotos colgadas en Flickr, de forma que los abuelos ven crecer a sus nietos, aunque les separe un océano.

Pero si asumimos que todo tiene un reverso, a la Web 2.0 le han salido algunos lados oscuros. Por un lado, tantos emisores terminan produciendo ruido y resulta difícil distinguir la realidad de lo que no lo es, incluso de los bulos. Con miles de personas opinando sobre los más diversos temas, cada uno termina recurriendo a las fuentes que considera más fiables y echando un vistazo al resto, pero aún así es inevitable que alguien cuele de vez en cuando algún tipo de “información interesada”.

Por otro lado, está un tema delicado: el uso de estas herramientas de comunicación, que nacieron para los usuarios, por parte de las empresas. Bueno, el problema no es tanto el uso como la intención. Es decir, utilizar estas herramientas para decir lo mismo que en una web convencional, pero con un aspecto más “moderno” o “tecnológico”, más 2.0, supone mucho esfuerzo inicial pero pocos resultados.

Cualquiera de las herramientas anteriores no tiene sentido si quien las utiliza no permite la participación y asume el coste de mantenimiento que tiene, por ejemplo, un blog. Otro ejemplo, si para contrarrestar críticas negativas en una web de consumidores, una empresa abre un foro y sólo participa su equipo de marketing para decir cosas positivas, al final perderá credibilidad.

Por el contrario,

si dentro de una empresa existe un grupo de gente comprometida y dispuesta a expresar su punto de vista a través de canales alternativos o, por ejemplo, a participar en foros con información de interés para los usuarios, la empresa puede utilizar esas herramientas de la Web 2.0 de forma adecuada. Posiblemente su imagen de marca (básicamente, la imagen que los clientes y usuarios tienen de la empresa) se verá favorecida. Incluso puede servir para que nuestros clientes finalmente nos pongan cara, algo que en el mundo de las comunicaciones digitales tiende a agradecerse.

Antes de plantearse “hacer una web 2.0” tenga en cuenta que:

  • Como tal, “Web 2.0” no es nada; es una etiqueta que agrupa herramientas, pero por mucho que se empeñen no hay un diseño web 2.0 ni una programación web 2.0.
  • Antes de incluir herramientas web 2.0 asegúrese de que son realmente útiles para sus usuarios. Puede colocar RSS en las novedades de sus productos, pero a menos que lance uno cada mes, ¿realmente alguien se sindicará?
  • Antes de optar por un blog para darle otro aire a la presencia de su empresa en Internet, piense en quién lo va a mantener, de qué va a hablar, si va a dar acceso a otros usuarios o permitir comentarios… Y en definitiva, si va a ser útil para sus usuarios y para su imagen de marca o después de los primeros posts no va a saber qué decir.
  • Utilice aquellas herramientas web 2.0 que realmente le permitan obtener visibilidad y utilidad para sus contenidos, además a un bajo o nulo coste. Por ejemplo, Youtube ha demostrado ser una fantástica red de difusión. Aproveche el canal para dar a conocer sus spots, conferencias, actos, etc. Y Google Maps para ser encontrado rápidamente.

Pero, sobre todo, piénsese dos veces lo que sube a una web

Las fotos de una fiesta con clientes en Flickr pueden ser muy graciosas, pero al cabo de un tiempo quizá no quiera encontrárselas al hacer una búsqueda en Google.

A.G. Consultora y directora de proyectos


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